Los emprendedores y la persistencia
5-marzo-2009
Cuando lees o escuchas recomendaciones, cuando hablas con un emprendedor o inversor de éxito y te da consejos, uno de los que suele aparecer con mayor frecuencia es: “sé persistente”. Esta persistencia se podría interpretar además de dos maneras: 1) persistencia con tu proyecto actual para conseguir que salga adelante y 2) persistencia a la hora de emprender otro proyecto si el anterior no te ha ido bien. En este último sentido, resulta también muy común escuchar que en sitios como los EE.UU. consideran positivo en el cv de un emprendedor que haya quebrado 1 ó 2 empresas previamente (aunque claro, mejor si las anteriores salieron bien).
Casi de casualidad he llegado hasta este estudio llevado a cabo por profesores de la Escuela de Negocios de Harvard, en el que se analiza precisamente la importancia de la persistencia a la hora de emprender. Este estudio ha considerado una muestra de casi 9.000 emprendedores en todos los sectores entre los años 1975 y 2000, aunque creo que se puede apllicar muy bien al sector de internet si tenemos en cuenta que el 90% pertenece al rango 1990-2000 y que la mitad estaba centrada en la industria clasificada como “Internet y Ordenadores”.
La principal conclusión que los propios autores extraen es que los emprendedores con un bagaje de éxito tienen mayores probabilidades de conseguir un éxito en su siguiente proyecto que aquéllos que previamente han fallado o lo intentan por primera vez. En el documento hablan de un posible efecto “aprender con la experiencia”, en el que las habilidades, los contactos y las ideas que han aprendido de sus experiencias previas les proporcionan una ventaja en las posteriores. Los números dicen que el 30,6% de los emprendedores que ya han tenido éxito lo volverán a tener, mientras sólo el 22,1% de los que ya han fallado conseguirán un éxito en el siguiente proyecto, cifra que baja hasta el 20,9% para los novatos. A los autores esto les sugiere que no es la propia experiencia por sí misma lo que mejora las posibilidades de éxito, y que el potencial de las habilidades del emprendedor son aún más determinantes.
Otra conclusión interesante se refiere a los factores que determinan a los emprendedores “en serie” (emprendedores que crean un negocio tras otro). En su opinión, los mejores y los peores emprendedores no se convierten en emprendedores en serie. Los primeros, o son demasiado ricos o están quizás demasiado involucrados como para empezar nuevos negocios; los segundos tienen menos posibilidades de conseguir financiación otra vez, y tal vez esta pueda ser la razón para que la tasa de éxito para los novatos y los que ya han fallado una vez sea tan parecida.
En mi opinión, los resultados sí parecen demostrar la “sabiduría popular” que otorga importancia a la persistencia. Sin embargo, antes de este estudio pensaba que la diferencia sería aún mayor…
En las fechas en las que nos encontramos se suelen abrir unas cuantas convocatorias para pedir subvención en proyectos de I+D, tanto a nivel nacional como de Comunidades Autónomas. No sé si es casualidad (no creo en ella) o que he prestado un poco más de atención al tema por estar preparando nuestra presentación en alguna de estas convocatorias, pero últimamente se han producido hechos a mi alrededor que me refuerzan en mi falta de confianza en la I+D en España dentro del sector TIC.
Para el que ande un poco despistado a estas alturas, le comentaré que estas subvenciones se otorgan tanto a empresas como a universidades y centros de investigación, ya sean públicos o privados, y, aunque algunas de ellas están restringidas a un tipo concreto, generalmente es posible (y altamente recomendable) acudir formando consorcios.
En primer lugar, me gustaría plantear cuál es el objetivo de una de estas subvenciones. No existe una respuesta única, pero en general dan cobertura a estudios de viabilidad, a proyectos de investigación industrial o de desarrollo, a programas de gestión de contenidos y a programas de formación. Es decir, que el objetivo puede ser cualquiera: investigación de base, investigación aplicada, desarrollo de prototipos, implementación de sistemas comerciales, formación, etc. Pero, ¿es realmente el objetivo el que marca el destino final de estas subvenciones?
Voy a intentar analizar algunos de los niveles a los que se incumplen los objetivos de los programas de I+D (que, por otra parte, deben coincidir con los objetivos declarados en los proyectos):
- Investigadores. En algunas ocasiones los objetivos del proyecto se relegan por los del propio investigador, convirtiéndose en otros más egoístas que pueden ir del “sacarse una tesis” o “engordar el currículum” (aunque es totalmente necesario realizar una buena fase de difusión de los resultados de una investigación, en algunos momentos llega a ser más importante la propia difusión que los resultados en sí mismos) hasta el “financiarse unas vacaciones” (y no me refiero a un “ya que voy allí, aprovecho”, sino a un “de los 4 días de congreso, voy al que me toca exponer a mí y el resto me los paso de turismo”).
- Centro de investigación (empresa, universidad, etc.). Esta semana escuchaba comentarios “pestilentes” acerca del control que está empezando a tener el Gobierno sobre la participación de los investigadores en un número adecuado de proyectos. Supongamos un investigador que dedique 20 horas semanales a tareas generales de la empresa o universidad y las otras 20 a un proyecto de I+D subvencionable por el Estado, una Comunidad Autónoma o la Unión Europea. Es un hecho común que el número de horas subvencionadas por parte de diferentes programas para el mismo proyecto superen ampliamente esas 20 reales, de manera que lo que suele ocurrir es que se busca obtener diversas subvenciones para costear más del 100% del mismo trabajo del mismo proyecto. Y si bien es cierto que muchas convocatorias de subvenciones son incompatibles entre sí para un mismo proyecto, siempre hay mane
ra de esconder la realidad para poder optar a todas ellas. Ese control que comentaba ha pillado por sorpresa a unos cuantos, y claro, ahora están empezando a rasgarse las vestiduras cuando se han visto obligados a renunciar a un determinado proyecto o a quitar a un investigador que ya ha superado su límite, para tener contratar y meter a uno nuevo. ¿Y por qué se trata de una práctica extendida?: pues porque la subvención no costea el 100% de los recursos dedicados al proyecto y, claro, la picaresca en España no es que precisamente brille por su ausencia… - Transferencia de tecnología. En muchos de estos programas el objetivo final es la transferencia de tecnología (conjunto de acciones orientadas a facilitar el rendimiento comercial en el mercado de los resultados de las actividades de I+D), y sigue siendo uno de los principales caballos de batalla con los que nos encontramos. Hace pocos días leía en “Alicia en el País de las Inversiones” que las empresas tienen que considerar la posibilidad de investigar apoyándose en universidades y centros tecnológicos. Supongo que para una empresa que se encuentre en la necesidad de investigar y no tenga experiencia, la situación debe ser parecida a la de un investigador que quiere montar una empresa para convertir su investigación en un producto y no sabe por dónde empezar (esta última la conozco bien
). En mi opinión, la culpa es de las dos partes: pocas empresas se acercan a la universidad para aportar su enfoque comercial, así como pocas veces la universidad se siente con la capacidad (o necesidad) de acercarse a una empresa para ofrecerle un producto final (los Avanza intentan solucionar esto en cierta medida). Muchas veces ocurre que en la universidad se generan proyectos de I+D que no son más que ideas peregrinas que pueden tener un cierto interés en cuanto a investigación de base se refiere, pero que resultan totalmente inútiles para su aplicación a la “vida real”. ¿Y si esa investigación de base se fusionara con la “utilidad” de un producto? Aunque conozco unos cuantos casos en los que se persigue ese objetivo, lo cierto es que conozco aún más casos en los que el alejamiento es total.
Lo curioso es que en España existen investigadores de calidad (y muchos) que podrían ayudar al desarrollo de nuestras empresas tanto a nivel nacional como internacional, y lo malo es que lo que parece importar no es la investigación en sí misma ni tampoco el objetivo del proyecto, sino la cantidad de artículos y congresos (en el caso universitario) o la financiación de personal. Y se olvida la transferencia de tecnología en cuando se termina el proyecto: si es una universidad, automáticamente se desecha y se pasa al proyecto siguiente; si es una empresa, muchas veces tampoco se le saca el rendimiento debido.
Evidentemente, hay casos de todo tipo, y seguro que por cada caso que me podáis contar de malgasto de subvenciones habrá al menos otro de buena utilización. La generalización nunca es buena, pero es increíble la cantidad de dinero público que se puede llegar a “tirar” con estos asuntos. No sé si en algunas ocasiones se puede llegar a aplicar el término malversación, pero casi prefiero pasar de puntillas por este tema…

